Yoga para principiantes: seis posturas de meditación.

La tradición del yoga clásico describe que uno de los principales objetivos de la práctica de Asana, Pranayama o Ahimsa en la alimentación (primer precepto de los Yamas), es precisamente el de preparar el cuerpo y la mente para permanecer en meditación. En efecto, a medida que uno domine la práctica de Asana, podrá alargar en el tiempo la atención plena en el estado meditativo. El reto más importante es pues incrementar los tiempos de atención durante la práctica.

La mejor pauta a seguir es regular la práctica personal diaria, descansar lo necesario, y alimentarse de manera consciente. Practicar diariamente a solas puede constituir todo un reto para el estudiante de yoga, acostumbrado a la práctica guiada. Si es constante y bien entendida, la práctica personal pronto devuelve maravillosos resultados.


Además del trabajo de Asana, hay otras dinámicas que adaptan el cuerpo al rigor físico de la meditación. Entre ellas, la de sentarse en una postura cómoda (sobre un cojín o manta de piernas cruzadas, o en una silla con ambas plantas de los pies en el suelo), y llevar la conciencia al interior del organismo. Esto es, el movimiento interno de la musculatura, las articulaciones y la estructura ósea de la posición. Permanecer en calma, atento y despierto a la respiración diafragmática. Solamente después de haber adquirido cierto dominio de este ejercicio aparentemente fácil puede estarse preparado para iniciarse en la meditación.


Después de atravesar el trabajo de la respiración puede dirigirse la atención a los procesos mentales. Sólo entonces empieza el camino de la meditación. Es esencial mantener una postura en la que la columna esté recta, estable y tranquila. Evitando siempre las posturas de pie, tumbadas y, en la medida de lo posible, también aquellas en las que la espalda esté apoyada. Meditación no es relajación, sino atención plena. Así pues, la columna no debe estar simplemente erguida, sino erguida por sí misma.


Hay seis posturas básicas que cumplen los requisitos anteriores: sentados en una silla (Maitryasana), de rodillas sobre una manta o banqueta (Vayrasana), sentados en la postura fácil de las piernas cruzadas (Sukhasana), o sentados en las que llamaremos las posturas clásicas de meditación: la propicia o auspiciosa (Swastikasana), la del loto (Padmasana) y la perfecta (Siddhasana). En Occidente estamos acostumbrados al malsano uso de sillas, sofás, y coches, que ha propiciado la pérdida paulatina de la flexibilidad y fuerza en la articulación de las caderas, y tobillos. En estos casos, será necesario el uso de algún accesorio que facilite el acceso a las posturas de meditación clásicas (cojín, banco de meditación o manta doblada, por ejemplo).

Cuando se permanece correctamente sentado en cualquiera de las posturas antes mencionadas, la posición se mantiene por sí sola. La columna permanece recta, las extremidades inferiores permanecen silenciosamente colocadas, y las superiores dotan de estabilidad al torso. La mínima o nula atención a la postura nos permitirá centrarnos en la meditación y su verdadero significado.

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