Los seres humanos no servimos para nada.

A menudo me recuerdo lo afortunada que soy por tener seis hermanas y hermanos sanos. Todos ellos son personas tranquilas y abiertas, que exploran su atención allí donde su energía mejor se desenvuelve. Y aunque poco nos parecemos entre nosotros, nos hemos acompañado en nuestro desarrollo sin dejar de aprender los unos de los otros.

Una vez, contando menos de diez años de edad, mi hermano Juan me sorprendía diciendo convencido de sí:

“Yo no soy un objeto, yo no sirvo para nada. Yo hago lo que quiero.”

Apresuradamente tomé nota al pie de un periódico y guardé este papel todavía sin entender la magnitud de sus palabras. Muchos años después, esa afirmación me sigue salvando de muchas de mis decisiones.

No somos máquinas. Parece una evidencia, ¿verdad? Entonces, ¿por qué nos empeñamos en encontrar un resultado a todas nuestras acciones?


Todos o casi todos vivimos atrapados en patrones de pensamiento que se secuencian en ciclos que pueden durar meses o incluso años. Nos cuesta aceptar que es uno mismo quién moldea su mundo porque tendríamos que hacernos responsables de nuestro propio grado de felicidad.

Sin embargo, existe la posibilidad de romper con esas cadenas de pensamiento aprendiendo a entrenar la mente. Para lograrlo, es importante entender la unión que hay entre la mente y el cuerpo.

1. La ley de la atracción. 

La mente es conducta. La información recogida por los sentidos fluye a través del sistema cognitivo cuyos componentes básicos son la atención, la percepción y la memoria. Esta última sostiene en el tiempo las conexiones neuronales que el cerebro aprehende en la asimilación de nuevos conocimientos.

Si elegimos conscientemente la información de la que nutrimos nuestros sentidos, podremos fijar una conducta positiva. La práctica del pensamiento positivo nos ayuda a evolucionar en la misma dirección.

2. La mente y el cuerpo trabajan en un mismo objetivo: tu salud.

Si no hay fuerza de voluntad, la mente actúa sirviendo al cuerpo y a las emociones. En el trabajo de cambiar la realidad en la que vivimos, es aconsejable hacer consciente esta situación.

La mente no puede ser esclava de la memoria emocional del cuerpo. Es importante romper este vínculo para que tu mente actúe con pleno entendimiento de tus sentimientos y del estado de salud de tu cuerpo. Solo desde una mente libre se crea el estado de consciencia donde es posible el conocimiento intuitivo.

3. Romper la imagen de ti mismo.  

El yoga y la meditación, como la física cuántica y la neurociencia, nos enseñan a reprogramar el cerebro con el fin de ampliar nuestro marco de realidad. En la reprogramación existe la creencia de que cualquier imagen mental se mantiene en el cerebro hasta que otra lo sustituye.

Suelta las creencias que han quedado atrapadas en el pasado y permítete volver a empezar todos los días. No busques refugio en una imagen personal que te dicte cómo debes sentirte o actuar. Con la comprensión de que estás cambiando a cada segundo, se elimina la ilusión de la expectativa y la mente se vuelve poderosa.


Te he contado esta historia para que comprendas cuán importante es el logro de hacerte responsable de tu libertad. Cuando nos entendemos a nosotros mismos, las relaciones se hacen fáciles y cobran sentido. Nuestro apego al concepto de yo-mismo es la creencia de que existe algo en el universo que depende de uno. Sin embargo, nadie nos obliga a mantener esta ilusión, y tampoco se trata de un camino extremo. Todo lo que hay que hacer es seguir respirando con amor, libertad y serenidad.

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